miércoles, 6 de septiembre de 2023

Las asignaturas pendientes de Disney (Elemental)

 

 

Más de cincuenta años después de que su fundador, Walt Disney, muriera entre rumores sobre criogenización y demás chismes, la gran compañía de la animación infantil sigue suspendiendo las asignaturas de racismo, machismo y amor tóxico en sus últimas películas. Concretamente en la última que ha estrenado en los cines: Elemental.

Alerta de spoilers a partir de aquí.

La semana pasada fui al cine con mi hija a ver Elemental, muy contentas las dos porque el trailer tenía buena pinta. Contenta yo porque la película parecía prometer que iba a contar la historia de unos personajes que rompían con lo establecido y el rol que la sociedad les había otorgado y mi hija contenta porque los dibujos eran muy chulos y coloridos y eso siempre se agradece. Ella salío del cine aburrida y yo triste. Quiero pensar que el aburrimiento de mi hija se debía a que la peli  era una de esas típicas comedias románticas disfrazada de película para niños. Una telenovela adolescente donde lo único que debe importarles a los protagonistas es perseguir el amor tóxico, irreal, porque tener pareja es lo único que importa en la vida y sin la persona deseada a nuestro lado la vida no tiene sentido. Un asco. Y esta es la primera asignatura pendiente.

 

Amor tóxico.

Vale que nos colaran esta idea irreal de lo que es el amor y las relaciones de pareja en las incontables comedias románticas allá por los años 90, donde la protagonista pizpireta y soñadora estaba hastiada de su vida de mierda, a veces hasta sin saberlo, y suspiraba amargada hasta que llegaba él, siempre más alto que ella (esto parece que es muy importante) que le explicaba con paciencia, porque ella era muy rebelde e infantil y le costaba prestar atención, quién era ella de verdad y cómo tenía que ser su vida. Y a partir de ese momento ninguno de los dos podía respirar sin el otro y el resto de la vida de los dos, sobre todo la de ella, ya no tenía ninguna importancia. Amigos, familiares, sueños, etc... a la mierda todo. Como digo, vale que nos colaran esta mierda en aquellos años, pero a día de hoy esto no hay quien lo mastique. Ni siquiera, o muchísimo menos mejor dicho, en una película destinada al público infantil. 

El problema de ver una y otra vez representado el amor romántico de esta forma es que lo normalizamos sin darnos cuenta y nos provoca frustración cuando en la vida real no funciona de la misma forma. Estoy cansada de ver adultos frustrados (o peor) con sus relaciones de pareja porque nuestra generación ha entendido el amor tremendamente mal. Partiendo de la base de que confundimos amor con deseo, con necesidad, con dependencia y terminando porque le damos más importancia que al mismo aire que respiramos. Todo mal. Y mucha de esa frustración viene generada por la idea del amor que se nos ha presentado siempre en el cine, en general, y en las pelis de Disney en particular. El amor de las princesas huérfanas y los príncipes con complejo de Edipo de Disney. El amor tóxico. Y hablo solo de frustración en el mejor de los casos, pero no voy a entrar ahí, al menos no hoy. Y hablando de amor tóxico llegamos a la segunda asignatura pendiente.

 

Machismo.

La protagonista de Elemental, Candela, que es fuego, se enamora de Nilo, que es agua. Bueno, más bien Nilo se enamora de Candela y la convence de que ella también está enamorada hasta que consigue que se lo crea. Candela tiene una vida con la que parece que es feliz hasta que Nilo la convence de que ella quiere otra cosa, porque parece ser que Candela es imbécil y nunca se habría dado cuenta por ella misma y necesitaba que llegara un él (por supuesto más alto que ella) a contarle quién es ella y qué tiene que hacer con su vida. Los padres de Candela tienen un negocio familiar que levantaron con mucho esfuerzo y quieren que herede Candela, y Candela, mira tú por dónde, hasta que conoce a Nilo ni siquiera se plantea si es lo que quiere o no hacer, simplemente lo hace y parece feliz con su vida salvo porque tiene un genio que no puede controlar y no sabe de dónde le viene. Si es que cómo somos las mujeres, ¿verdad?, no hay quién nos entienda. El padre de Candela, en lugar de hablar con ella para saber de dónde le viene la rabia, le aconseja que se calme, tócate los huevos, y que hasta que no consiga controlarse no estará preparada para llevar la tienda. O sea, que en lugar de servirle de ayuda aumenta su presión. Todo maravilloso. La madre de Candela está viva, algo sorprendente en una peli de Disney, pero lo único que hace en toda la película es adivinar mediante el humo de las velas si una pareja es o no compatible (de verdad que nunca entenderé qué problema tienen los de Disney con las madres). Por supuesto adivina que lo de Candela y Nilo es amor verdadero basándose solo en las velas. Es decir, que los padres de Candela son idiotas y favorecen la frustración de su hija con la mejor de las intenciones, eso sí, porque en las pelis de Disney ya no hay villanos sino seres incomprendidos que resuelven todos los problemas personales al final de la peli por arte de magia, sin terapia ni anestesia ni nada. 

Pero volvamos a Candela, que vaga por el mundo disfrazada de mujer empoderada e independiente pero que todos sabemos que eso no es posible porque no tiene pareja que le diga la forma correcta de vivir su vida, así que parece una olla a punto de estallar hasta que conoce a Nilo cuyo único objetivo en la película es salvar a Candela de su miserable existencia. Él no tiene aspiraciones ni sueños ni obligaciones familiares, parece ser, así que en lugar de buscarse una vida se empeña en cambiar la de Candela salvándola de su destino en el negocio familiar y enseñándole sus cosas buenas, las de ella, porque ella piensa que no hace nada bien hasta que llega él. En este punto de la película yo ya me he atragantado con las palomitas varias veces pero entonces llega cuando Nilo presiona a Candela para que hable con su familia y les cuente quién es ella de verdad y qué quiere hacer con su vida. Candela le explica a Nilo que lo hará cuando sea el momento adecuando. Lo que debería haber hecho Nilo en ese momento es entender a la persona que ama, si es que la ama, respetar sus tiempos y apoyarla en sus decisiones, sean cuales sean, pero no, lo que realmente hace Nilo es seguir presionando a Candela (otro más, porque no tenía bastante con sus padres). Ante la negativa de Candela para aceptar los términos de Nilo éste último irrumpe en una celebración familiar a la que no está invitado forzando la situación para que Candela hable con sus padres no cuando ella quiera sino cuando él lo ha decidido porque él sabe mejor que ella lo que a ella le conviene y cuándo le conviene. Al final la peli le da la razón a Nilo, por suspuesto, y acaba con Candela alejándose de su familia para vivir su vida porque así lo ha decidido Nilo, que es quien sabe lo que es mejor para ella.

Por supuesto, y  como viene siendo habitual en las pelis de Disney, el machismo que representa Nilo está disfrazado de joven simpático, amable y emocional que llora sin esconderse, por eso es aún más difícil de detectar y mucho más fácil de normalizar. Me cansa muchísimo ver como la sociedad les sigue mandando el mismo mensaje una y otra vez a las niñas de hoy igual que lo hacía con nosotras cuando éramos niñas. Solo cambia el disfraz, el mensaje sigue siendo el mismo de siempre.

 

Racismo.

De poco sirve que Disney ponga avisos sobre contenido racista al principio de películas como Dumbo, Peter Pan o El Libro de la Selva en su plataforma si vuelve a caer en 2023 en estereotipos racistas. Sin entrar a explicar más detalles voy a dar algunos datos y que cada uno saque sus propias conclusiones. La familia de Candela es inmigrante y vive en las afueras de la ciudad. Tiene costumbres arraigadas que no se entienden en una sociedad moderna como la reverencia que el padre de Candela le hace a su padre antes de viajar a otro país, la misma que Candela repite al final de la película. Físicamente son bajos y anchos, morenos (son fuego, es que no puede ser más obvio) , ojos oscuros y temperamento fuerte (fuego, de nuevo). Son ruidosos y se les supone poco dados a hablar y razonar, dado lo que nos cuenta el padre de Candela de la negativa de su padre a devolverle la reverencia y la comunicación escasa de los propios padres de Candela hacia ella. Hasta que conoce a Nilo, Candela nunca ha estado en el centro de la ciudad, que es donde viven los demás elementos. Incluso nos cuenta cómo le prohibieron la entrada a una exposición donde se podía ver su flor favorita cuando era niña. Nilo y su familia viven en un edificio con portero, son altos y esbeltos y tienen los ojos azules. Es la familia de Nilo, la madre concretamente, quien proporciona a Candela los contactos adecuados para su nueva vida. Poco más que decir.

 

A mí todo esto me cabrea una barbaridad, no sé a ti. Me parece hipócrita que Disney pida perdón por ser una compañía históricamente racista y siga repitiendo patrones (por cierto, por el machismo más que evidente que acompaña a la gran mayoría de sus películas aún no ha dicho nada). Me molesta que siga vendiendo la misma idea de amor romántico. Y, sobre todo, me molesta que el destinatario de todos estos mensajes sea el público infantil.

 Y hasta aquí la queja de hoy.